Ese árbol sostuvo el cielo

AUTORIA: Daniel Sarobe.

Instalación. FECHA: 2026. MATERIALES: tronco de eucalipto, aceite de lino/laca fijativa, venda blanca. MEDIDAS: 510 x 80 x 60 cm.




Ese árbol sostuvo el cielo se presenta como un monumento poético y crítico sobre la devastación de nuestro entorno. El título evoca un mito cosmológico universal: el árbol como axis mundi, aquel pilar sagrado que conecta la tierra con el cosmos y sostiene la existencia misma. Al fracturar este pilar, la obra materializa una catástrofe no solo ecológica, sino ontológica.

El territorio aquí no es un mero escenario pasivo o un recurso a explotar; es un cuerpo vivo que ha sido vulnerado. La elección de la madera y su posterior sometimiento a la violencia del fuego y el corte habla directamente de las geografías heridas por el Antropoceno, la deforestación y la pérdida irreversible de la biodiversidad.

Al cortar y segmentar el tronco, Sarobe denuncia la lógica extractivista que reduce la naturaleza a "recursos medibles", parcelando y desmembrando los ecosistemas para su consumo. La estructura original se pierde, quedando solo la disección de lo que alguna vez tuvo vida.

Los fragmentos quemados son el testimonio directo de una de las mayores problemáticas ambientales de nuestro tiempo: los incendios forestales (provocados o intensificados por el cambio climático y la especulación inmobiliaria/agrícola). El fuego aquí ya no es un elemento de renovación, sino un agente de destrucción que deja un territorio estéril y en cenizas.

Una venda atraviesa el centro del tronco seccionado. Este elemento introduce una dimensión profundamente humana y ambivalente. Por un lado, representa el daño infligido y la urgencia de sanar; es el reconocimiento de que el territorio está herido de muerte. Por el otro, actúa como el eje que mantiene unidas las partes rotas. Sugiere que la reconstrucción del tejido ambiental y social solo es posible a través del cuidado, la reparación y la memoria.

Ese árbol sostuvo el cielo es una advertencia silenciosa pero rotunda. Si el árbol cae, si el territorio se calcina y se fragmenta, el cielo —nuestro futuro común— se desploma sobre nosotros.

A través de esta pieza, Daniel Sarobe nos confronta con la fragilidad de los ecosistemas y nos recuerda que el territorio no es ajeno al ser humano: la herida del árbol es, en última instancia, nuestra propia herida. La obra se sitúa en la grieta entre la destrucción irreversible y el deseo urgente de reparación.



EXHIBICIÓN:
DEL ENCANTAMIENTO Y EL HORROR. Capítulo 1
UNNOBA - SUM Mario Meoni - 22/8

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